El secreto está en ti.
Cuando quiero enunciar el nombre de México en cualquier forma de expresión, y me refiero como país, viene a mi mente escritos como los de Jaime Sabines hablando de un cielo oscuro tan lleno de gatos; un José Emilio Pacheco hablando de una sociedad que no está enferma de amor sino sana de odio; un Aute filipino enamorado de la Jurado quien de luto llegaba a la reunión en Tepoztlán donde en cinco minutos todo pudo cambiar o ya entrado en gastos y por moral propia no dejar a un Sabina en el Tenampa con la Vargas.
Puedo seguir enumerando la magia que esos personajes han marcado en lo personal un amor a esta tierra que no me permite pasar por alto por lo que está pasando y más entonces su gente.
Ni a favor ni en contra, pero no indiferente; al despertar con todo tipo de eventos a una buena noticia como la de un amanecer proporcionado por aquel ser o divinidad en la que todos o ninguno podemos creer.
Estamos para hacerlo nuestro, este país, estamos para quererlo; pero más que nada, estamos para trabajar, para prepararnos y ayudar. Crear de un todo o la nada lo mejor que podamos dar para que esto se solucione. Las nuevas generaciones deben quitar a todos lo que no hemos podido resolver este nudo social, económico o del nombre que le quieran bautizar.
Es imperativo que la lucha sea interna, en permitir la victoria de nuestras mejores fortalezas y nuestras mejores armas; para sacarlas a relucir en las jornadas de 8 horas, en las 4 académicas, en las 24 familiares; pero en las 8,760 de ayuda constante a querer que esto sea mejor para quienes queremos que así sea: los nuestros, los propios pero tambien los extraños.
Es solo que quieran, es solo de hacerlo: el secreto está en ti.
